Derecho y Salud no van siempre de la mano

El blog de Carmen Rodrigo de Larrucea

Estaba preparado para morir

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Acaba de morir Leonard Cohen uno de los cantautores más admirados y originales de todos los tiempos. En los blogs jurídicos hablan de sus pleitos con sus representantes y de cómo acabó con ellos, personalmente me inspiró oír su entrevista de hace un tiempo en la que manifestaba serenamente que estaba preparado para morir. En España y en nuestro entorno se vive ignorando la muerte, les extracto un precioso artículo de Jorge de Miguel sobre la sociología de la muerte, que los profesionales de la salud y la medicina debiéramos tener presente a fin de perfilar la actitud personal y profesional.

Se planifica la vida pero no la muerte

La muerte es un tabú. La socialización sobre la muerte se realiza a través de la experiencia moribunda de otros seres queridos, dentro de la familia. Pero cada vez hay menos familiares —con los que se conviva— que mueran. Y cada vez menos de los que se mueren lo hacen en casa, sino en el hospital. Su muerte se oculta o se disfraza simbólicamente.

Se ha diseñado y construido un tabú de la muerte. De un hecho normal y familiar se ha pasado a un suceso raro e institucionalizado. La experiencia de la muerte de otras personas es escasa. En España, la persona moribunda no suele saber que se está muriendo incluso ignora de qué se está muriendo. Algunas personas sí que han tenido estas experiencias con padres y abuelos, sobre todo cuando ya son adultos ellos mismos. No es posible enfocar la muerte propia de forma adecuada sin haber socializado antes en la muerte de otros seres queridos.

¿Nos preparamos para morir? 

En un mundo feliz postmoderno como el actual la muerte es evitada, retrasada al máximo, escondida. No se muere en casa, sino en el hospital. Antes el hospital era el lugar donde iban a morir los pobres: ahora es donde van a morir los ricos. No se va al hospital a ser curado, sino a morir. No hay una ceremonia o un ritual de morir; la escasa simbología mortuoria se traslada al funeral. En España, a menudo se le esconde el hecho de que se está muriendo, se dice que para evitarle el sufrimiento. Suele estar inconsciente. Son los médicos quienes diagnostican que la vida ha terminado, sobre un paciente a menudo intubado y en estado inconsciente. Es un suceso secreto, definido por los médicos o el equipo hospitalario. La muerte es discreta. Se trata de evitar situaciones emotivas. Ya no existen casi manifestaciones externas de duelo. No se guarda luto, ni se viste de negro. Se llora en secreto o con gafas oscuras.

Con la cremación se evita la visita posterior a la tumba. Con la dispersión de las cenizas (ceremonia altamente contaminante) se olvida radicalmente a la persona muerta.Una vez al año existe un recuerdo institucionalizado (el primero de noviembre) de forma ritualística y masiva que además ahora también hemos americanizado (halloween).

La sociedad actual exalta la juventud y la alegría, la aventura de viajar continuamente, de estar permanentemente contento, anula y esconde la idea de la muerte. Es un hecho que ocurre sólo a personas muy mayores, en el hospital o una institución en secreto, sin que otras personas se enteren. Se suprime todo aquello que recuerda a la muerte propia. Pensar en la propia muerte es una experiencia mórbida, representa incluso un síntoma de enfermedad mental.  Hablar de la muerte en público es de mal gusto. La muerte no se enseña en las universidades, no se investiga, no se publica apenas en España sobre el tema. La muerte es un tema clandestino, incluso para los/as investigadores sociales (Clark, 1993).Nadie piensa en la muerte (sería un signo de enfermedad o de perversión) y se vive como si uno/a mismo, o los seres más queridos, nunca fueran a morirse.

Cada vez hay más seguros de vida (jocosamente no se llaman seguros de muerte) pero se vive como si las personas no fuesen mortales. No se permite la idea de la muerte propia, ni la de otros cercanos. Lejos ya la idea de que la hora final es el momento de entender la propia vida, y de congregar a los seres queridos en torno a la cama en el dormitorio familiar. Uno/a se muere solo, en secreto, intubado, con respiración asistida, inconsciente, en una UCI. Es luego cremado y olvidado. El luto es casi indecente. Se teme casi más la muerte de los seres queridos que la propia. La mayoría de la población se siente inmortal.

La especie humana es la única que muere y que sabe que va a morir

La muerte se medicalizó, y si bien tradicionalmente era dejado en manos no expertas y femeninas, ahora ha pasado a realizarse en hospitales, depender de expertos (médicos) y de alta tecnología.

El hecho de que las personas mueran es un problema doble para la sociedad: que no puede impedir que las personas finalmente fallen y abandonen la sociedad (la vida), ni evitar el cambio continuo de la sociedad en generaciones y cohortes. La muerte y el miedo a la muerte es uno de los procesos sociales de más importancia a nivel simbólico y cultural.

Las personas no saben cómo comportarse ante la muerte. Por eso, la sociedad crea organizaciones (hospitales, industria funeraria, iglesias) que gestionan el proceso de morir y el tratamiento posterior del cadáver. Pero si el problema es considerable respecto de la muerte de los otros en el caso de la muerte propia los problemas de adaptación son mayores.

Las personas no encajan bien su propia muerte. Se muere en soledad, no únicamente a causa del ocultamiento, sino también a causa de que las personas niegan la muerte y no saben actuar en esas situaciones. El movimiento prohumanitario en medicina (y hospitales) llama la atención sobre esta situación de creciente desamparo de los enfermos.

Es un reto para la modernidad y para la medicina

La vida sana, higiénica, consciente del cuerpo, que ahora está de moda, tiende, sin embargo, a ignorar la muerte, que es una realidad democrática – que no se evita finalmente.

Socialmente han aparecido movimientos y grupos partidarios de humanizar no sólo la atención sanitaria, sino también la muerte y el duelo. Una de sus expresiones es el control sobre el dolor y el sufrimiento, sobre la decisión de morir (eutanasia), sobre el sitio donde morir (en casa, en una residencia especializada, en el hospital). Hay ansiedad por definir lo que es una «buena muerte», garantizando a las personas su derecho a diseñar su muerte ideal. Esto ha llevado a un humanitarismo adecuado, pero también a una fragmentación e individualización de la experiencia de la muerte. No se plantean los problemas básicos de la expertización y medicalización previa de la muerte, sino que se propone la individualización total de la muerte.

La Sociología de la Medicina, que ha realizado contribuciones considerables en el mundo de la salud y del sector sanitario, apenas entra en este tema. Hay estudios sobre enfermedad, sobre pacientes, pero muy pocos sobre el proceso de morir, y menos aún sobre la gestión y el tratamiento de los cadáveres.

Los médicos siguen sin enfocar de forma apropiada el tratamiento del proceso de morir, defendiendo su estatus de expertos pero marginándose de la muerte.Los temas difíciles son también importantes y por ello los profesionales sanitarios somos en parte artífices y responsables de la vivencia y percepción de la muerte. Debiéramos implicarnos y formarnos en el manejo y la comunicación de situaciones terminales, evitar el paternalismo médico y las conspiraciones del silencio ante pacientes terminales. Es duro pero es necesario.

Les recomiendo dos lecturas imprescindibles Zygmunt Bauman en su libro “Mortality, Immortality and Other Life Strategies” (1992), o Norbert Elias en su excelente “La soledad de los moribundos” (1987)

Aquí les dejo un video  de Leonard Cohen para que disfruten con su bronca y serena voz¡

Imagen: Leonard Cohen at home in Los Angeles in September, 2016.PHOTOGRAPH BY GRAEME MITCHELL FOR THE NEW YORKER

 

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2 pensamientos en “Estaba preparado para morir

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